25 may. 2012

La Biblioteca Nuevo Ser te cuenta: dos relatos

Para consultas, llamar al 4754-2814 o escribir a biblosnuevoser@hotmail.com

Dos relatos producidos por los talleristas de la biblioteca a partir de un fragmento de un poema de Neruda, sobre el que trabajamos diversos aspectos, y al final, tomamos un par de versos sugerentes: los talleristas, en grupos construyeron estas historias, tomaron la palabra para expresarse y queremos compartirlo con ustedes.

DESEOS DETRÁS DE LAS VENTANAS



fuente de la imagen: http://microbitacora.blogspot.com.ar/2010/09/tras-estas-paredes.html

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Oscar quería probarse para jugar en San Lorenzo. Pero justo por esa época de pibe, se vio entrampado en un laberinto: en los colegios comunes, le decían que no lo podían recibir porque su capacidad visual estaba tan disminuida que debería asistir a un colegio para ciegos. Y en los colegios para ciegos, le señalaban que con el resto de visión que tenía, debería asistir a la escuela común. Así, el tiempo fue pasando y a Oscar,  la burocracia y la ineptitud de las instituciones no le permitió completar cuando correspondía sus estudios. Debido a sus problemas de vista, tampoco pudo ser lo de jugar al fútbol profesionalmente.
Ahora, sus momentos más alegres son cuando, detrás de la ventana, mira el paisaje y escucha por la radio jugar al club de sus amores, San Lorenzo. Y los cuervos tienen ahí un hincha de alma, que con toda su pasión, desde su casa, los alienta sintiéndose un jugador más.
Enfrente, vivía Jaime... Cuando se fue quedando ciego, no se le ocurría qué hacer, cómo desarrollar sus capacidades, ahora que no veía. Alguien le habló de un taller de pintura. Muchos se preguntaban y le preguntaban "¿Pintar?...¿Un ciego? Pero...¿y cómo hace?". En el caso de Jaime,  lo primero que hizo fue intentarlo, acercarse, preguntar, averiguar y superar todas las barreras que la sociedad le pone a un discapacitado: todas, desde los prejuicios y la ignorancia hasta la mala fe, el incumplimiento de las leyes sobre discapacidad. Y un día se animó, y se empezó a acercar a bibliotecas, a talleres, a sentir la fuerza de juntarse con otros para ser un par, un igual, un semejante, y no alguien marginado por la sociedad. Después de muchos años de práctica y de disfrute, hoy, Jaime es un pintor reconocido, que ya supo varias veces, por los comentarios de los visitantes, que "Che, Jaime, ¿sabés que ahí hay una pintura tuya? Buenísima, de verdad, te felicito."; o "¿Y ese paisaje, cómo se te ocurrió?"; o "¿En qué te inspiraste para pintar a este personaje". Y Jaime toma la palabra, habla, se expresa. Todo esto, porque se animó a saltar todos los "no se puede" que la sociedad le pone a un discapacitado. Y ahora, cuando se pone detrás de la ventana de su cocina a escuchar los ruidos de afuera, también se deja llevar por esa fuerza de vida, cuando se acuerda de todo lo que pensaba que no podía y...sí, pudo eso y va a seguir pudiendo mucho más.
Y nadie lo ve, pero entre esas dos ventanas de esas dos casas que están tan cerca, hay un puente, un puente como de arco iris, por donde caminan los que se animan a rechazar los "Noooo, vos no podés.". Quizás algún día, Oscar y Jaime se encuentren mateando juntos y animándose mutuamente a seguir. Y todavía mejor, quizás animen a otros a seguir...
Ah, quizás se estén preguntando ¿cómo hace un ciego para pintar...? Eso se lo dejamos a ustedes, queridos lectores...ya que leemos tantas pavadas en Internet, ¿por qué no buscar cómo pueden hacer los ciegos para pintar...?


EL JEFE DE OJOS TURBIOS





Sabíamos que el jefe era hombre de fortuna. También sabíamos que circulaban algunos rumores acerca de cómo había logrado su fortuna...una madre fallecida en un dudoso accidente doméstico, que le dejó una formidable herencia cuando todavía el hijo era muy joven, un divorcio convenientemente pensado para quedarse con casas compradas con la fortuna de su esposa, unas irregularidades financieras en la empresa, sin que nadie nunca lo hubiera podido pescar, pero de las que salió mal parado un honesto contador que todavía purgaba condena..en fin, eso y la manera de tratarnos a sus empleados: hacia adentro, malhumor, humillación, violencia verbal y psicológica; hacia afuera, se deshacía en elogios. Nuestro jefe no tenía turbios solamente los ojos...
Un día nos sorprendió: llegó de buen humor. "Claro", pensamos, "se viene una auditoría, se quiere hacer el simpático para que no abramos la boca sobre sus...irregularidades". Se paró en medio de la oficina y nos soltó un discurso sobre el compartir y la solidaridad y que él sabía que no siempre nos había tratado como merecíamos, blabla, pero que había reflexionado y que a partir de entonces, quería ser otra persona...un jefe pero un jefe amistoso. Y para inaugurar ese tiempo, nos invitaba a todos a pasar todo un día en su quintita en una isla del Tigre que se había comprado porque siempre había soñado con eso, y a la cual, en honor a su santa madre muerta en un triste incidente que prefería no recordar, había bautizado "Gracias a la vieja"..
Se venía un fin de semana largo y la propuesta era tentadora; aparte, menos motivos para rechazar la oferta, si después descansábamos un lunes feriado...y si íbamos varios, aunque su presencia siempre nos incomodara un poco, pensamos que la podíamos pasar bien...aire libre, nadar, jugar al fútbol, asado...y además, ¿qué pasaría si todos le decíamos que no, ahora que no había nada para objetar en su conducta...?
Algunos por miedo, otros convencidos, otros por la presión grupal, fuimos aceptando.
Y allá fuimos, un sábado a las 6 de las mañana nos hizo estar a los 7 de la oficina al borde de la Panamericana porque iba a tener la gentileza de llevarnos él mismo en auto hasta el muelle donde tomaríamos la balsa que nos cruzaría a su quinta, "Gracias a la vieja".
Llegamos al muelle, él se saludó con algunos del lugar que lo conocían, y empezó la aventura. La desventura, tendríamos que decir...porque desde la orilla le preguntábamos "Jefe, ¿dónde está la quinta?" Y él, muy dueño de la situación, "Un poco de paciencia, estamos ahí nomás". Pero la verdad, ahí nomás no veíamos nada.
Al final, la balsa atracó en un muelle precario, todo tambaleante, y el jefe abrió una enorme mochila que nos tenía intrigados...de construcción para humanos, ni rastros...Entonces, nos anunció que para fomentar el espíritu de equipo, y para reforzar el sentido de pertenencia a la empresa, y para que no olvidáramos que la recompensa se consigue después de un esfuerzo, repartió a cada empleado un machete, o un hacha, o una pequeña sierra, y nos dijo:
-Muchachos, se ve que el pastito ha crecido un poco (estábamos hasta las orejas de pasto y no veíamos ni casa ni quinta ni rancho ni nada parecido...), así que antes de poder entrar a la casa, hay que desmalezar un poquito...yo me quedo acá, que conozco el terreno, y los voy dirigiendo. Vayan, vayan empezando que yo arranco con el asado.
Entonces.preparó una parrillita, hizo un fuego, y trajo unas porciones de asado que puso a cocinar. Y mientras decía "Muchachos, miren lo que les espera cuando terminen", empezó a cuidar el fuego. Como nos habíamos quedado estupefactos, nos dijo "¿Y? Vayan, vayan, van a ver lo bien que se van a sentir después de un ratito de ejercicio".
Y como recordamos su lado oscuro, nos dijimos "Mejor vamos, a ver si este chiflado tiene pensado algo peor si nos negamos". Y allá fuimos, cada uno con su machete, su hacha, a desmalezar el camino, entre pinchos como agujas, abrojos, mosquitos como misiles, jejenes y avispas...
Para cuando terminamos, ya anochecido, del asado no quedaba ni el recuerdo. Nos habíamos adentrado mucho en la maleza y habíamos perdido la cuenta de las horas. El jefe nos dijo que mientras trabajábamos, había pasado un vagabundo y le había dado casi todo, porque a él lo conmovía tanto la desgracia ajena...todos sospechamos otra mentira más, y que el resto del asado estaba bien guardado en un paquete para seguir disfrutándolo en soledad, pero no dábamos más, solamente queríamos volver a la civilización.
Ya oscurecía, y como todos los empleados estaban hartos ya, no aceptaron la gentil invitación del jefe que les ofrecía, en un cacharro mugriento, "Muchachos, un poco de agua, eh? Se la merecen después de tanto trabajo. Y vamos, vamos, vamos que anuncian crecida y se nos va la última lancha". 
Cuando subieron a la lancha, el jefe estaba sentado de espaldas a su quinta. Al bajar en el muelle, en la otra orilla, algunos que lo conocían, lo saludaron y le dijeron:
-Hola, don , ¿qué anduvo haciendo hoy?
Y él, siempre haciéndose el jefe amigo, dijo: 
-Hoy quise darles una alegría a los muchachos así que nos vinimos a comer un asadito, y bueh...,me dieron una manito para despejar un poco el frente de la quinta, vio, que ya tapaba la casa...
Y uno lo interrumpió para decirle, mientras miraba a la orilla de donde veníamos:
-¿Qué quinta , don?
-Esa, esa que ahí ve, todo despejado el frente -y señaló enfrente, pero empezaba a palidecer...
-Pero, ¡don ! Esa es la quinta de su vecino!, ¿¿cómo no se dio cuenta?? Son varias las casas que ya no se ven por la maleza, ahora queda más linda la otra orilla, con esa hermosa quinta que se ve desde acá...pero que no es la suya, seguro como que dos más dos son cuatro...si quiere, mire a la derecha y vea...bueno, no, no va a poder ver, va a tener que volver porque su quinta sigue tragada por la selva como hace meses...aunque, si es tan buen jefe como dice, seguro los muchachos no van a tener problema en acompañarlo, un error lo tiene cualquiera. 
Los empleados bajamos la cabeza, como si lamentáramos profundamente la confusión, mientras por dentro, estallábamos en carcajadas...habíamos trabajado como burros, sí, pero nada nos quitaría el placer de tener una anécdota para contar que confirmaba que tenían un jefe, además de turbio, bastante estúpido. Y que, ahora, se veía obligado a hacernos de chofer un rato, en el incómodo silencio que envuelve a quienes se ven descubiertos en su mentira y no tienen modo de arreglarlo...



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