17 oct. 2010

Taller de audio lectura- 1-

Para consultas, llamar al 4754-2814 o escribir a biblosnuevoser@hotmail.com

Les contamos que los miércoles, en la Biblioteca, estamos haciendo un taller de audiolectura. Se trata de un espacio coordinado por alguno de nosotros, orientado a:

-realizar una transferencia de lectura, esto es, leer con el otro, no "para" el otro como para un receptor pasivo

-ejercitar la memoria y la imaginación, permitiendo que., a través de distintas consignas,  cada uno se exprese, tome la palabra, enriquezca a los otros y sea enriquecido por ellos en el compartir de diversos puntos de vista sobre un texto


Aprovechando que llegamos a más de 1000 visitantes en nuestro blog, les dejamos acá algunos comentarios de algunos de los participantes en este taller. La propuesta era que, sencillamente, cada uno recordara algo de algún texto trabajado que le hubiera gustado.

Omar recordó el inicio de un texto policial negro, "Orden jerárquico", deEduardo Goligorsky, por su descripción de la madrugada:

Abáscal lo perdió de vista, sorpresivamente, entre las sombras de la calle solitaria. Ya era casi de madrugada, y unos jirones de niebla espesa se adherían a los portales oscuros.
 



















Rubén también recordó especialmente este texto, por su descripción de un Buenos Aires que él conoció, más brumoso, con sus "piringundines" y sus teatros de revistas.















A Manuel, el texto que más le gustó fue "La salvación", de Isidoro Blastein; particularmente, por la precisión en la descripción de los personajes, de los lugares, de los objetos:

"(...) El viejo seguía revolviendo cosas. "Probablemente debe de haber cajas de cartón, también", pensó el hombre, porque por momentos el ruido a lata se amortiguaba.

El viejo dijo:
-Ajá, já, por ai cantaba Garay.
Por la forma como le salió la voz, parecía que estaba tironeando de algo. "Como si estuviera sacando una muela", pensó el hombre.
-Ya está -dijo el viejo.
El hombre dio un salto. Una media vuelta como los soldados.
- Ah, no -dijo el viejo desde arriba-, sin darse vuelta.
El hombre volvió a su posición. No había alcanzado a ver más que el saco color gris rata del viejo, un poco del pantalón marrón, de un marrón muy antiguo, porque le trajo un recuerdo impreciso de cuando era chico, y dos rayas anchas y blancas.


(luego, en el texto resulta importante un auto verde...)
















Joaquín disfrutó especialmente de "El regalo de los Reyes Magos", porque le gustó mucho que cada personaje fuera capaz de sacrificarse por el otro al que amaba.


Un dólar con ochenta y siete centavos. Eso era todo. Y de eso, sesenta estaban en monedas de un centavo. Monedas ahorradas de a una o de a dos, regateando con el verdulero, el almacenero y el carnicero hasta que las mejillas se le ponían coloradas por la evidente moderación en los gastos que implicaban esas acciones. Della contó el dinero tres veces. Un dólar con ochenta y siete centavos. Y el día siguiente era Navidad.


(más adelante, un reloj de bolsillo con cadena resulta un elemento clave...)